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Me agitan los cementerios, o mejor dicho, me generan una atracción difícil de definir. Lo he comprobado esta misma mañana cuando he pensado en el post que quería publicar. He paseado mi mente por los lugares que me apetecía presentaros, y todos tienen un rasgo en común, son terrestres, topográficos y mortecinos; y sin embargo albergan una emoción contenida en sus enrevesados trazados. He comenzado por querer escribir una reseña del Monumento al Holocausto de Berlín, y su aspecto se me ha antojado muy parecido a Gibelina, lo cual me ha hecho recordar otro de los lugares visitados aquel año, éste en Roma, las Fosas Ardeatinas.
La historia de este lugar no es muy diferente a de tantos otros marcados por la huella de la Segunda Guerra Mundial. Como represalia de un atentado por parte de la Resistencia italiana, el propio Hitler ordenó a uno de sus comandantes de la Gestapo en Roma, Herbert Kappler, asesinar a 335 civiles detenidos y encarcelados. El lugar escogido fueron unas galerías de extracción de arena, allí y durante toda una noche fueron fusilando a los elegidos, quienes permanecían en uno de las cavidades de la cueva a la espera de su final. Una vez acabaron los disparos, la galería fue reventada para ocultar la barbarie.
Hoy lo que queda, como en tantos otros sitios es la memoria. En este caso sepultada bajo una gran losa que levita sobre las 335 tumbas de los allí asesinados. El recorrido por el lugar comienza en la puerta de la cueva y te arrastra a su interior en un sinuoso camino que lleva al lugar donde cada reo esperó más o menos, escuchando los disparos que se realizaban en la cavidad contigua, a donde eran conducidos para apilarse los vivos sobre los muertos en una montaña humana. El eco del silencio es sobrecogedor, y durante todo el camino tan solo se aprecia la luz de los dos grandes boquetes que se abrieron por la explosión en el techo de la caverna. El final del laberinto conduce por una trinchera al interior de la fosa, introduciéndote por debajo de la pesada losa que amenaza con caer, sepultando en el olvido las tumbas, que alineadas son perceptibles por la rendija de luz perimetral. Para salir hay que recorrer los pasillos que cada nicho deja a su lado, para poder volver a traspasar el débil umbral del vacío, para encarar la luz del día y la rampa que te escupe al exterior, al paisaje lleno de pinos que salpica los alrededores de la Via Appia, enlosado camino que sepulta redes de cementerios ideológicos.

Está bien que se mida con la dura
Sombra que una columna en el estío
Arroja o con el agua de aquel río
En que Heráclito vio nuestra locura
El tiempo, ya que al tiempo y al destino
Se parecen los dos: la imponderable
Sombra diurna y el curso irrevocable
Del agua que prosigue su camino.
Está bien, pero el tiempo en los desiertos
Otra substancia halló, suave y pesada,
Que parece haber sido imaginada
Para medir el tiempo de los muertos.
Surge así el alegórico instrumento
De los grabados de los diccionarios,
La pieza que los grises anticuarios
Relegarán al mundo ceniciento
Del alfil desparejo, de la espada
Inerme, del borroso telescopio,
Del sándalo mordido por el opio
Del polvo, del azar y de la nada.
¿Quién no se ha demorado ante el severo
Y tétrico instrumento que acompaña
En la diestra del dios a la guadaña
Y cuyas líneas repitió Durero?
Por el ápice abierto el cono inverso
Deja caer la cautelosa arena,
Oro gradual que se desprende y llena
El cóncavo cristal de su universo.
Hay un agrado en observar la arcana
Arena que resbala y que declina
Y, a punto de caer, se arremolina
Con una prisa que es del todo humana.
La arena de los ciclos es la misma
E infinita es la historia de la arena;
Así, bajo tus dichas o tu pena,
La invulnerable eternidad se abisma.
No se detiene nunca la caída
Yo me desangro, no el cristal. El rito
De decantar la arena es infinito
Y con la arena se nos va la vida.
En los minutos de la arena creo
Sentir el tiempo cósmico: la historia
Que encierra en sus espejos la memoria
O que ha disuelto el mágico Leteo.
El pilar de humo y el pilar de fuego,
Cartago y Roma y su apretada guerra,
Simón Mago, los siete pies de tierra
Que el rey sajón ofrece al rey noruego,
Todo lo arrastra y pierde este incansable
Hilo sutil de arena numerosa.
No he de salvarme yo, fortuita cosa
De tiempo, que es materia deleznable.
El Guggenheim rinde homenaje al autor de su sede en Nueva York, con una gran exposición en la que reúnen 200 de sus propios dibujos, maquetas históricas, mucha documentación sobre un total de 80 proyectos y rasgos de la vida en los estudios Taliesin, donde el arquitecto residía y construyó comunidades autosuficientes de enseñanza.
De todos los grandes aspectos de la vida de este arquitecto, símbolo del cambio de pensamiento arquitectónico de comienzos del siglo XX, me interesa destacar su faceta educadora. Cansado de la educación de “aula y libro de texto”, fundó la Comunidad de Taliesin en 1932, donde convivieron sus alumnos en la búsqueda de nuevas maneras de creación, tanto en la arquitectura como en la pintura, escultura, teatro o cine. La práctica de la arquitectura se conjugaba con la experiencia vital, por lo que las actividades cotidianas formaban parte del conjunto de actividades comunitarias, sin descuidar el propio trabajo de estudio donde se desarrollaban los diferentes proyectos que se encargaban al maestro. Su concepto de educación no fue más que el resultado del propio aprendizaje de Wright, quien se crió en una granja de Wisconsin y fue educado en la escuela para conseguir su mayor potencial individual; junto a esos valores, su desarrollo compositivo mediante figuras geométricas elementales se gestó también en su infancia, a través del sistema Froebel a base de sencillas piezas de madera. Esta formación y el desarrollo posterior de Wright harían de él el arquitecto de la estructura rítmica natural, un trabajador incansable y un genio de la arquitectura que llegó a proyectar muchos de los paradigmas de la arquitectura moderna tales como la Casa Edgar J. Kaufmann, (La casa de la cascada), el Templo Unitario, la Casa Jacobs o el propio Museo Guggenheim.

http://www.guggenheim-bilbao.es/microsites/frank_lloyd_wright/index.php?idioma=es
En el Museo Esteban Vicente de Segovia se puede ver una muestra con varios ejemplos de lo que ha significado los últimos diez años para la escultura española. La muestra, sin ser demasiado extensa, brinda muestras de grandes escultores nacionales, más o menor reconocidos. La escultura ha evolucionado mucho desde su aspecto más clásico hasta lo que hoy se conjuga como mezcla de performance e ingeniería. A pesar de este alejamiento de la definición propia, no deja de ser evidente que la escultura sigue manteniendo su poder en el ámbito tridimensional, estableciendo tensiones entre los objetos y su vacío. Como tal, cada obra expone su manera de relacionar ambos conceptos y su manera de interpretar la materialidad conforme al carácter de cada autor. De las 14 obras expuestas, merecen mi mención personal las Celosías de Cristina Iglesias, (como ya quedó patente en su propio post), las recreaciones estructurales en acero inoxidable de Blanca Muñoz, en un juego de equilibrios y destellos visuales que hacen estallar la forma primigenia en fragmentos armónicos; los contenedores metálicos de espacio de Susana Solano, donde las texturas adquieren un papel tan importante como su propia configuración; las curiosas formas en tela de Naia del Castillo, concretamente en su Luciernaga II; las recreaciones anatómicas de vacío y metal de Juan Navarro Baldeweg, así como las inmensas cabezas infantiles de Antonio López; o la sorprendente fuerza de la triple sombra arrojada, no se si fruto de la musealización o por decisión del autor, de los esqueletos danzantes de Javier Pérez, sin dejar de lado las obras cerámicas de Miquel Barceló, todo un ejemplo magistral de la materia, la pintura y el relieve, propia de los artistas de Altamira.

http://www.museoestebanvicente.es/ampliaNoticia.asp?id=89
Hugh Ferris fue uno de los arquitectos que con sus diseños estableció una visión de la ciudad utópica norteamericana en la década de los años 20. Sus dibujos, generalmente asociados a proyectos de otras firmas, configuraron una imagen ideal de la urbe de grandes rascacielos enmarcados en la noche, focalizados por líneas de luz que despuntan en la niebla. Esta escenografía de la ciudad sin habitantes, en las que los humanos son meras hormigas al amparo de inmensas construcciones, causaría un gran impacto en los espectadores de su tiempo. La grandeza de las edificaciones, las nuevas tecnologías vinculadas a su ejecución, influye en la mentalidad de la época donde la metrópolis americana encumbraba el optimismo de su civilización, encarnándose esta en las ciudades de Chicago y Nueva York. La aportación de Ferriss, lejos de quedarse como mera muestra inmobiliaria pasaría a formar parte de la imaginería artística, gracias a la amplia publicación de su obra en las revistas Vanity Fair o Harper’s Magazine. Posteriormente, en 1929 Ferriss publicaría The Metropolis of Tomorrow, libro con la recopilación de sus mejores obras, las cuales acabaron por desbordarse a otros géneros como el comic, donde sería una influencia clara para la creación de Gotham City, o la distopía urbana de la película Metrópolis de Fritz Lang.

Colección de Dibujos en Flickr: http://www.flickr.com/photos/kosmograd/sets/72157603512259334/
Banksy es un fantasma, un ente incómodo para casi todos; su actitud antisistema provoca la ira gubernamental, mientras su trato con multinacionales, galerías y museos genera críticas de los más radicales. En cualquier caso, la obra de este grafitero no parece ser tan anónima como su propio autor. Sus obras se reparten ya por medio mundo, desde Londres hasta Gaza, comercializándose por 300.000 euros o siendo regaladas por el mismo en los muros de las ciudades, las cuales desde sus ayuntamientos, gastan millonadas para hacerlas desaparecer, en contra de la propia opinión popular. Pero de todo este revuelo mediático, lo que parece importar menos es el mensaje que Banksy propone con sus stencils, y mucho más su posible identidad, como si su nombre y apellidos, sus rasgos o su vestimenta fueran a explicar el porqué de sus actuaciones.
Los murales de Banksy ofrecen una visión de la política, una mirada irónica a la realidad social de este tiempo, una sátira de la propia existencia de normas absurdas o de ataques contra artistas callejeros. Dentro de esta crítica también ha tenido momentos para cuestionar el concepto de arte; sus golpes efectistas contra la institucionalidad del mismo a través de sus visitas a los museos (donde colocaba una parodia de las obras expuestas) reflejan una idea de liberar estas formas de expresión del academicismo puro. Todo lo que se cuelga en las paredes parece legítimo, pero lo que sucede en el exterior, en la propia calle carece de valor legal. Aun así el propio Banksy expone ya con cierta normalidad en galerías de todo el mundo, entre ellas en su propia ciudad natal Bristol, e incluso ha realizado un documental “Exit Through the Gift Shop” que próximamente se estrenará en el festival de Sundance. El nombre hace referencia al hecho de que las salidas de los museos suelen ser por la tienda de regalos y su argumento es el intento de desvelar su identidad, algo que poco a poco se ha convertido en el símbolo de su existencia y parte de su propia publicidad, pero que también ha servido de excusa para explicar el modo de hacer de los “vándalos profesionales”. Quizás, después de todo, la obra de Banksy debiera volver a quedarse en la calle, donde observarla es un regalo, donde todo el mundo puede acceder a su mensaje y donde cada cual puede enmarcarla a su manera.
Su web no tiene desperdicio: www.banksy.co.uk

La historia de Bas Jan Ader tiene un final trágico y misterioso, un final propio de un romántico, desaparecido en medio del mar cuando trataba de conformar un proyecto llamado “In Search of the Miraculous” en 1975.
Este ideal de romántico, de héroe trágico en busca de lo sublime, y el papel del mismo dentro del arte, como figura individual y solitaria marcaron una trayectoria sujeta a la melancolía europea y lo onírico del sueño americano. Ironía, crítica, tragedia y sarcasmo.
Una muestra de esta búsqueda del sentimiento puro se refleja en la obra que podéis ver abajo, concebida en tres formas: fotografía, película y postales que Ader envió a sus amigos. Una imagen conmovedora, una auténtica expresión de dolor, sin causa aparente para quien la recibía, perturbadora por su mensaje “I’m too sad to tell you” (Estoy demasiado triste para contártelo) que evocaba en quien la observase recuerdos amargos de su propia existencia. Ader quiso explorar la emoción contenida en la desesperación y la pérdida, aquello que constituye la profunda brecha que nos separa los unos de los otros.
Web: www.basjanader.com

La Fura dels Baus han encontrado la medida a Wagner y a su grandiosa ópera “El anillo de los Nibelungos” mediante un lenguaje completamente futurista combinada con una escenografía multimedia de vanguardia a cargo de Carlus Padrissa. Esta inmensa Tetralogía compuesta por “El oro del Rin”, “La Valquiria”, “Siegfried” y “El ocaso de los dioses”aúna el poderío físico de los actores con la fuerza visual del espectáculo compuesto por proyecciones de alta definición a modo de complejo montaje teatral que hace fluir la historia de Wagner. La Tetralogía iniciada en Valencia en el año 2007 finalizará este mes de junio en la segunda edición del Festival del Mediterrani, tras estrenarse la cuarta y última ópera, “El ocaso de los dioses”. La nueva obra se inspira en elementos de magia y colores, en la materia propia del Mediterráneo como es el aire, el fuego y la tierra, como materiales de leyenda. Para aquellos que se hayan perdido las obras anteriores tendrán una quincena para disfrutarlas en el Palau de les Arts.
Web: www.lafura.com
Estoy solo y no hay nadie en el espejo.
La gran influencia que el maestro Alvar Aalto dejó en Finlandia causó una oleada de seguidores de sus enseñanzas, quienes adoptaron su configuración formal, pero pocos de este extenso grupo supo desarrollar su propio lenguaje en lugar de emular la obra de su antecesor. Entre estos privilegiados se encuentra el matrimonio Pietilä, formado por Reima y Raili que de forma semejante a Alvar y Aino Aalto han configurado una pareja profesional equilibrada e igualitaria. A pesar de esta semejanza, el estudio Pietilä entiende el diseño desde su origen, como palabras surgidas de conversaciones versadas sobre la arquitectura; de esta curiosa forma de dibujar sin líneas forjaron un lenguaje formal radical y de gran vigencia en la actualidad, demostrando que entre el arte y la arquitectura hay un canal navegable por el que aproximarse a una verdad no excluyente de formas, tipologías o materiales. Tan fuerte es el poder de las palabras del grupo Pietilä, que cuando Reima murió Raili dejó la arquitectura bajo el peso de ese vacío silencioso. Entre sus últimos trabajos se encuentra la biblioteca Metso en Tampere y la residencia del presidente de Finlandia en Helsinki.

Exposición de maquetas y dibujos en la Fundación ICO de Madrid hasta el 21 de febrero.
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