Concierto improvisado

Escrito por Dr. SeROne
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Ella miraba el violin que el chico sostenía inseguro entre las manos. Se paró ante él y le dijo:

-¡Eh! Toca una canción para mi, ¡por favor!

Él alzó la mirada, sorprendido.

-Pero… ¡yo no se tocar! -exclamó. Pero, tras pensar un segundo, añadió-. Está bien, tocaré si tu cantas para mi.

-¿Cantar? ¡Yo no sé cantar! No…

Ambos se miraron en silencio durante varios segundos, y entonces él empezó a tocar y ella empezó a cantar. Los transeuntes que pasaban por aquella calle tuvieron que taparse los oidos y apartarse de allí, horrorizados, pero para ellos fue el mejor concierto que jamás habían escuchado…

Tenía que haberlo sospechado

Escrito por Federico Manuel Rodríguez Sluismans
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Tenía que haberlo sospechado, yo, que soy catedrático de historia. Haber sabido leer los indicios y alertar a la sociedad de un futuro tan poco esperanzador. Al menos, tenía que haberme preparado para lo que se nos avecinaba…

”No dejes de correr”.

—¿Cómo que corporativismo? ¿Qué coño es eso?

Mi amigo y colega Stephan no compartía mi opinión en absoluto.

—Te han traumatizado los martillos desfilantes de “Pink floid” (Continúa leyendo el relato)

Rutinas

Escrito por Federico Manuel Rodríguez Sluismans
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Mi nombre no tiene importancia, pero diré que me llaman Ray, el sargento Ray “Smile”, porque nunca sonrío; que pertenezco a la cuarta brigada de la primera división de infantería, de Fort Knox, en Kentucky. Y confieso que amo a mi patria…

—¡Arrrgh! —graznó un ave de llamativas plumas de colores.

…y a mi loro, aunque no hable. El hombre de la tienda de mascotas me aseguró que con un poco de paciencia el animal acabaría por mantener conversaciones, un poco surrealistas me atrevería a decir yo, pero conversaciones al fin y al cabo. Para alguien que siempre ha vivido solo tiene mucha importancia verbalizar los pensamientos (Continúa leyendo el relato)

Recuerdos Vanos

Escrito por Jull Antonio Casas Romero
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Es mas de medianoche en el rincón más aletargado de mi mente, ya quedan solo minutos antes de que pierda por completo la lucidez del ayer y me sumerja en el abismo del mañana para reclamar a la semiinconsciencia aquellas imágenes que quiero olvidar pero que están omnipresentes, las imágenes del pasado cercano o tal vez remoto, no se inclusive si alguna vez estas existieron o son solo figuras fantasmales en las sinapsis de mis deseos, o si son metáforas de las ilusiones difusas que se abren a menudo desde las páginas del libro de los recuerdos.

Por un momento recobro la lucidez, estimulado por un mensaje emergente de mi ordenador, un aviso de correo entrante (Continúa leyendo el relato)

Relatos de la inundación

Escrito por Lidia Ester Lobaiza
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Llueve lluvia, llueven lágrimas, llueve tanta desgracia junta; y es tan grande su avanzada pluvial, que no hay límites precisos entre la tierra y el cielo, porque todo es de un mismo color: color agua y desesperanza.

Llueve…sobre los tejados, los árboles, el asfalto, el río, los caminos, los campos…las quintas, donde ya sobrevuelan las golondrinas de adelantada; aquellas que colocaron mulching, fertilizantes, y están plantando en los surcos rectilíneos los ejemplares más cotizados, los que con ayuda de Dios, nos darán la “primicia”; la frutilla , que en la ciudad –mercado de Buenos Aires, alcanzará el precio máximo del año; preludio de pagos, (Continúa leyendo el relato)

Bravo, lindo y peleador

Escrito por Lidia Ester Lobaiza
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Un día de intenso calor, deseoso de refrescarse, el Padre del cielo dibujó una larga , sinuosa y profunda raya en el suelo. De allí, en un momento, brotó agua fresca y abundante, hasta formar un hermoso río.

Zambulléndose en sus aguas, el Creador pensó en bellas islas, multitud de arroyos, árboles diversos, hierbas abundantes, animales diferentes, y muchos, muchísimos peces . Y a medida que imaginaba, la naturaleza tomaba la forma de su pensamiento, hasta hacerse realidad un paisaje de esplendor inigualable.

- ¿Cómo llamaré a esta aguas? – se preguntó. (Continúa leyendo el relato)

Renuncia

Escrito por Jean Pierre Bravo Zapata
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“Estimada señora:

Disculpará la brevedad de esta notita pero tuve que escribirla mientras usted salía de compras con su amiga la Chela. Me estoy yendo de su casa porque en realidad usted como patrona es mala, siempre insulta y todo, y una se cansa porque tiene su orgullo pues. Como ya se habrá dado cuenta, me llevé el televisor de la sala, no crea que por maldad, sino porque ya estaba muy acostumbrada a la telenovela de las seis. También me estoy llevando el adornito de muñequitas que tanto me gusta y sus joyas, menos la sortija esa que fue de su mamá, para que no diga que soy mala gente. Disculpe que se lo diga pero usted siempre fue una mierda, quizá por eso no tiene hijos ni esposo. Le dejo el almuerzo en el microondas. Hasta nunca.

Felicia”.

Feliz Navidad

Escrito por Antonio Fassa
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Dejé de creer en Santa Claus cuando mi madre me llevó a verlo en unos grandes almacenes y el me pidió un autógrafo.
(Shirley Temple)

Santa Claus bajó de su rutilante trineo y, emprendió la escalada hacia el cenit ceniciento de la firme chimenea que, coronaba la elegante mansión de los Collins. Una vez en la cima, se introdujo casi a presión dentro del humeante y oscuro orificio, deslizando su oronda figura, hasta aterrizar en el interior de la lujosa vivienda.

Sacó uno de los regalos de la enorme bolsa de arpillera, y lo colocó bajo el iluminado abeto.

El joven Phillip Collins no lograba conciliar el sueño, estaba nervioso, y empezaba a escuchar el torpe y delatador ruido que hacia Papá Noel (Continúa leyendo el relato)

Arrols

Escrito por Nathalie Evrevin
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Cada anochecer, cuando los últimos rayos del rey se desvanecian en un roce amoroso sobre las colinas, un airecillo húmedo y refrescante se liberaba de las mazmorras verdes del bosque Plir. Cada anochecer, cuando el tiempo parecia ralentizarse y la eternidad tomaba el protagonismo, cuando la tranquilidad sussurraba lindos secretos en el corazon de los seres vivos, una flor de un color pálido pero reluciente se abría en las profundidades de este mundo. Una cancion dulce empezaba a bailar entre las hojas de las grandes torres del bosque, despertando así a (Continúa leyendo el relato)

Estrellas caídas

Escrito por Nathalie Evrevin
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Érase una vez en un pueblecito lejano, muy lejano de estas tierras donde vivimos los duendes, dos niñas humanas Sandra y Maomé.

Sandra y Maomé eran amigas desde largos años ya, desde siempre. Desde nunca, se habían separado las dos amigas. Siempre juntas habían compartido todo, tanto los juegos de princesas, dragones y ranas, como los paseos por el campo en búsqueda de flores y hadas, los baños con las sirenas en el río de Fandir, las fechorías hechas y rehechas al señor Fermín, o las increíbles historias del abuelo Andrés sobre la magia de los arboles, sobre duendes y gnomos. Siempre las estrellas se habían reflejado en sus grandes ojos de carbón, y así juntas habían compartido multitud de aventuras maravillosas.

Cuando Sandra cayó enferma una noche de invierno, y las estrellas dejaron paso a la (Continúa leyendo el relato)